Recuerdo con cierta nostalgia
aquellos años de infancia a finales del siglo pasado, el tiempo parece no haber
transcurrido al revivir las emociones palpitantes de ese lejano mundial de
Francia 1998, el primero que mi memoria revive con cierta lucidez. El futbol era
el tema del momento en ese entonces, como ahora, con la copa del mundo llegando
a instancias definitivas. Y con México quedando fuera de la justa en
condiciones parecidas a las de este 2014: contra un rival europeo y con mismo
marcador 2-1, en esa ocasión en contra de los alemanes. Luego de un juego
dominado por los verdes, quienes se desenvolvieron en la cancha “como nunca” y terminaron
perdiendo en el último momento, “como siempre”, en esos ayeres, como ahora, era inevitable no contagiarse de ese ánimo nacional, tan contrariado por otro
fracaso en el espectáculo más masivo del globo, (aquí me permito intencionadamente el uso
de un pleonasmo, estimado lector, para denotar lo masivo que es este, “fenómeno
monstruoso”).
El mundial de Futbol, es obvio hacerlo notar, vincula intereses sociales, económicos y mercadológicos en cantidades ingentes de billetes. Una línea larga de ceros en Euros, Dólares, Pesos, Reales, Libras, Yenes y demás monedas en el Mundo que se nos ocurran, no por nada las principales estrellas del deporte a nivel mundial acarrean absurdas cantidades de dinero cada año. No hace mucho, este negocio internacional, se vio en riesgo en nuestro país ante la severa crisis deportiva demostrada por el representativo nacional, durante el torneo clasificatorio rumbo a Brasil 2014. En una situación inverosímil, a unos cuentos segundos de fraguarse uno de los mayores fracasos deportivos de la historia reciente del deporte mexicano, una resurrección milagrosa del acérrimo rival EU ante Panamá, le dio el pase calificando por diferencia de goles a un repechaje contra su similar de Nueva Zelanda, justo cuando las frentes de los inversionistas se perlaban de sudor ante la posibilidad muy real, de perder uno de los negocios más lucrativos en el mundo. ¿Las principales empresas afectadas en nuestro país? El duo-polio televisivo Televisa-Tv Azteca. Mismas que al día de hoy, se ven consolidadas legalmente como las únicas beneficiarias, del injusto sistema monopólico de telecomunicaciones en México, dada la aprobación de las leyes secundarias de la reforma a dicho rubro.
Con la
preponderancia de una sola empresa por sector (radiodifusión,
telecomunicaciones) y no por servicio ofrecido (televisión abierta, radio, telefonía
fija y móvil, internet, televisión restringida, etcétera), se consolida el
beneficio para estas empresas en contra de la justa competencia, en contra de
los intereses de otros grupos empresariales poderosos no ligados directamente
con el poder gobernante, y en contra de los consumidores mexicanos, quienes se ven
condenados a unos medios de comunicación con contenidos basura, y manipulación
de masas a la orden del sistema gobernante priista; es decir, la consolidación
de la alianza histórica entre el priismo y el cuarto poder encabezado por
Televisa, ahora también de la mano de TV Azteca.
El espectáculo
de futbol mueve pasiones, paraliza países enteros, catapulta economías
nacionales, identifica a millones de personas alrededor del globo, se vincula intensamente
con idearios nacionalistas, aun cuando hablamos de un negocio privado,
destinado principalmente al entretenimiento, y generar ganancias, grandes
ganancias para quieres logran controlar sus transmisiones. Y es que dicho
deporte mueve tantos intereses, que el pasado domingo 29 de Junio, durante la
celebración del partido México – Holanda, el 92.7 % por ciento de todas las
televisiones encendidas en México se encontraban sintonizando el futbol.
A esta magnitud, el mundial es un evento que
incluso moldea actitudes, genera posturas, y cala en los sentimientos y
emociones de millones de personas en todos los países participantes del evento,
un negocio que no tiene perdida.
Costa Rica,
como todas las naciones que destacaron de alguna forma, por hacer un papel
preponderante, o histórico en cuanto a sus participaciones en la presente competencia
futbolera, ---así como el seleccionado colombiano, que pasó por primera vez de
los octavos de final, quedándose en cuartos o Argelia que sorteo la fase de
grupos, para despedirse en octavos-- son un claro ejemplo de las repercusiones
que puede tener este torneo en las sociedades representadas por sus equipos. Gracias
a una clasificación sorpresiva y brillante ante potencias excampeonas del mundo,
como Italia e Inglaterra, una cardiaca serie de penaltis contra Grecia, y una
participación heroica contra Holanda, el país centroamericano vivió el júbilo
total, una parálisis emotiva fruto de la catarsis social dada su brillante participación
en Brasil 2014, que pudo darles más frutos, de haber sorteado por segunda
ocasión la ronda de penaltis
Durante los
partidos, las naciones se paralizan, las calles se vacían, las gargantas se
preparan para el desborde de energías contenidas, la esperanza el empuje, la
actitud y el aliento se mantienen
constantes previos al partido. Y sus consecuencias son profundas he inmediatas,
una victoria genera emoción, convencimiento, unidad, alegría. Una derrota,
pesimismo, decepción, tristeza y en los mejor de los casos, una catapulta
directa a la indiferencia hacia dicho espectáculo. Un sentimiento tan profundo
que desata las lágrimas y conecta a las masas en una depresión colectiva que se
puede extender por semanas, meses, años, sino pregúntenle a Brasil sobre su
mundial de 1930, o cuestiónense sobre las repercusiones de que Brasil no
llegara a ganar esta segunda copa celebrada en su país. Traumas sociales, como
aquel generado por la derrota mexicana a manos del, por segunda vez mencionado,
acérrimo rival Estados Unidos. Compleja relación regional la de nuestro país
con aquella potencia económica, donde ante las comparaciones inevitables entre
las desiguales naciones, la nuestra, mantuvo durante décadas el único bastión
de supremacía en el deporte de las patadas, hasta aquella dolorosa derrota en
el 2002. La repetición de la historia del ya merito. Pasiones y traumas, amores
y desamores que marcan la psique de una colectividad nacional. Que demuestran
características sociales muy particulares, porque el futbol habla sobre el país
que lo juega, sobre la economía que lo maneja, sobre las características del
país que representa.
Y como todo
acto pasional, nacido de una actividad tan vinculante, socialmente hablando, desata
discusiones, enfrentamientos, odios, enemistades, incluso violencia y
discriminación, como el sonado tema del uso del grito de “Puto” por parte de la
afición mexicana, la formación de barras de animación radicales y peligrosas en
argentina o Inglaterra, o la discriminación racial, de la que son victima los
jugadores de origen africano en las ligas europeas.
Un fenómeno de
tintes globales, un negocio con ganancias estratosféricas. La FIFA, organismo
regente de todo lo concerniente al deporte del balón y los tachones, es sin
dunda, una de las asociaciones no gubernamentales, más poderosas e influyentes
de todo el orbe.
Querido
Lector-radioescucha, el mundial es un acontecimiento impresionante, sobre todo
si se entiende a partir de todas las implicaciones que le rodean. Es un
espectáculo a final de cuentas, un negocio del que somos parte como
consumidores, que es difícil ignorar dada su difusión y presencia en todos los
medios, y que llama la atención del mundo entero, más que ningún otro evento
deportivo o lúdico.
Y está
llegando a su final, una semana más nos separa de conocer al campeón, y cerrar
un periodo más de cuatro años y el comienzo de un nuevo ciclo que pondrá todas
las miradas en Rusia. Las ruedas de la economía giran, los lazos que conectan a
nuestro mundo globalizado se siguen tejiendo a través de eventos como este. Y
nosotros, mexicanos, seguiremos esperando con los brazos cruzados a que nuestra
selección por fin de el paso de la mediocridad al éxito, como una cruel
metáfora sobre nuestras propias esperanzas de desarrollo. Se nos irá la vida
esperando el día que las cosas cambien de verdad, y el ya merito se termine, siempre y cuando no orillemos un cambio,
desde dentro, desde nosotros como sociedad, y no desbanquemos a los partidos y
grupos políticos corruptos que nos gobiernan, y a sus armas de desinformación y
entretenimiento barato, que nos mantienen pasivos e indiferentes, las cosas
permanecerán en el mismo ciclo, como en el futbol, de esperanza creciente, y
frustración inminente.




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