sábado, 5 de julio de 2014

Una Reflexión Futbolera

Por Josué.

Recuerdo con cierta nostalgia aquellos años de infancia a finales del siglo pasado, el tiempo parece no haber transcurrido al revivir las emociones palpitantes de ese lejano mundial de Francia 1998, el primero que mi memoria revive con cierta lucidez. El futbol era el tema del momento en ese entonces, como ahora, con la copa del mundo llegando a instancias definitivas. Y con México quedando fuera de la justa en condiciones parecidas a las de este 2014: contra un rival europeo y con mismo marcador 2-1, en esa ocasión en contra de los alemanes. Luego de un juego dominado por los verdes, quienes se desenvolvieron en la cancha “como nunca” y terminaron perdiendo en el último momento, “como siempre”, en esos ayeres, como ahora,  era inevitable no contagiarse  de ese ánimo nacional, tan contrariado por otro fracaso en el espectáculo más masivo del globo, (aquí me permito intencionadamente el uso de un pleonasmo, estimado lector, para denotar lo masivo que es este, “fenómeno monstruoso”). 



El mundial de Futbol, es obvio hacerlo notar, vincula intereses sociales, económicos y mercadológicos en cantidades ingentes de billetes.  Una línea larga de ceros en Euros, Dólares, Pesos, Reales, Libras, Yenes y demás monedas en el Mundo que se nos ocurran, no por nada las principales estrellas del deporte a nivel mundial acarrean absurdas cantidades de dinero cada año. No hace mucho, este negocio internacional, se vio en riesgo en nuestro país ante la severa crisis deportiva demostrada por el representativo nacional, durante el torneo clasificatorio rumbo a Brasil 2014. En una situación inverosímil, a unos cuentos segundos de fraguarse uno de los mayores fracasos deportivos de  la historia reciente del deporte mexicano, una resurrección milagrosa del acérrimo rival EU ante Panamá, le dio el pase calificando por diferencia de goles a un repechaje contra su similar de Nueva Zelanda, justo cuando las frentes de los inversionistas se perlaban de sudor ante la posibilidad muy real, de perder uno de los negocios más lucrativos en el mundo. ¿Las principales empresas afectadas en nuestro país? El duo-polio televisivo Televisa-Tv Azteca. Mismas que al día de hoy, se ven consolidadas legalmente como las únicas beneficiarias, del injusto sistema monopólico de telecomunicaciones en México, dada la aprobación de las leyes secundarias de la reforma a dicho rubro. 



Con la preponderancia de una sola empresa por sector (radiodifusión, telecomunicaciones) y no por servicio ofrecido (televisión abierta, radio, telefonía fija y móvil, internet, televisión restringida, etcétera), se consolida el beneficio para estas empresas en contra de la justa competencia, en contra de los intereses de otros grupos empresariales poderosos no ligados directamente con el poder gobernante, y en contra de los consumidores mexicanos, quienes se ven condenados a unos medios de comunicación con contenidos basura, y manipulación de masas a la orden del sistema gobernante priista; es decir, la consolidación de la alianza histórica entre el priismo y el cuarto poder encabezado por Televisa, ahora también de la mano de TV Azteca.
El espectáculo de futbol mueve pasiones, paraliza países enteros, catapulta economías nacionales, identifica a millones de personas alrededor del globo, se vincula intensamente con idearios nacionalistas, aun cuando hablamos de un negocio privado, destinado principalmente al entretenimiento, y generar ganancias, grandes ganancias para quieres logran controlar sus transmisiones. Y es que dicho deporte mueve tantos intereses, que el pasado domingo 29 de Junio, durante la celebración del partido México – Holanda, el 92.7 % por ciento de todas las televisiones encendidas en México se encontraban sintonizando el futbol.
 A esta magnitud, el mundial es un evento que incluso moldea actitudes, genera posturas, y cala en los sentimientos y emociones de millones de personas en todos los países participantes del evento, un negocio que no tiene perdida.
Costa Rica, como todas las naciones que destacaron de alguna forma, por hacer un papel preponderante, o histórico en cuanto a sus participaciones en la presente competencia futbolera, ---así como el seleccionado colombiano, que pasó por primera vez de los octavos de final, quedándose en cuartos o Argelia que sorteo la fase de grupos, para despedirse en octavos-- son un claro ejemplo de las repercusiones que puede tener este torneo en las sociedades representadas por sus equipos. Gracias a una clasificación sorpresiva y brillante ante potencias excampeonas del mundo, como Italia e Inglaterra, una cardiaca serie de penaltis contra Grecia, y una participación heroica contra Holanda, el país centroamericano vivió el júbilo total, una parálisis emotiva fruto de la catarsis social dada su brillante participación en Brasil 2014, que pudo darles más frutos, de haber sorteado por segunda ocasión la ronda de penaltis


Durante los partidos, las naciones se paralizan, las calles se vacían, las gargantas se preparan para el desborde de energías contenidas, la esperanza el empuje, la actitud  y el aliento se mantienen constantes previos al partido. Y sus consecuencias son profundas he inmediatas, una victoria genera emoción, convencimiento, unidad, alegría. Una derrota, pesimismo, decepción, tristeza y en los mejor de los casos, una catapulta directa a la indiferencia hacia dicho espectáculo. Un sentimiento tan profundo que desata las lágrimas y conecta a las masas en una depresión colectiva que se puede extender por semanas, meses, años, sino pregúntenle a Brasil sobre su mundial de 1930, o cuestiónense sobre las repercusiones de que Brasil no llegara a ganar esta segunda copa celebrada en su país. Traumas sociales, como aquel generado por la derrota mexicana a manos del, por segunda vez mencionado, acérrimo rival Estados Unidos. Compleja relación regional la de nuestro país con aquella potencia económica, donde ante las comparaciones inevitables entre las desiguales naciones, la nuestra, mantuvo durante décadas el único bastión de supremacía en el deporte de las patadas, hasta aquella dolorosa derrota en el 2002. La repetición de la historia del ya merito. Pasiones y traumas, amores y desamores que marcan la psique de una colectividad nacional. Que demuestran características sociales muy particulares, porque el futbol habla sobre el país que lo juega, sobre la economía que lo maneja, sobre las características del país que representa. 


Y como todo acto pasional, nacido de una actividad tan vinculante, socialmente hablando, desata discusiones, enfrentamientos, odios, enemistades, incluso violencia y discriminación, como el sonado tema del uso del grito de “Puto” por parte de la afición mexicana, la formación de barras de animación radicales y peligrosas en argentina o Inglaterra, o la discriminación racial, de la que son victima los jugadores de origen africano en las ligas europeas.
Un fenómeno de tintes globales, un negocio con ganancias estratosféricas. La FIFA, organismo regente de todo lo concerniente al deporte del balón y los tachones, es sin dunda, una de las asociaciones no gubernamentales, más poderosas e influyentes de todo el orbe.
Querido Lector-radioescucha, el mundial es un acontecimiento impresionante, sobre todo si se entiende a partir de todas las implicaciones que le rodean. Es un espectáculo a final de cuentas, un negocio del que somos parte como consumidores, que es difícil ignorar dada su difusión y presencia en todos los medios, y que llama la atención del mundo entero, más que ningún otro evento deportivo o lúdico.
Y está llegando a su final, una semana más nos separa de conocer al campeón, y cerrar un periodo más de cuatro años y el comienzo de un nuevo ciclo que pondrá todas las miradas en Rusia. Las ruedas de la economía giran, los lazos que conectan a nuestro mundo globalizado se siguen tejiendo a través de eventos como este. Y nosotros, mexicanos, seguiremos esperando con los brazos cruzados a que nuestra selección por fin de el paso de la mediocridad al éxito, como una cruel metáfora sobre nuestras propias esperanzas de desarrollo. Se nos irá la vida esperando el día que las cosas cambien de verdad, y el ya merito se termine, siempre y cuando no orillemos un cambio, desde dentro, desde nosotros como sociedad, y no desbanquemos a los partidos y grupos políticos corruptos que nos gobiernan, y a sus armas de desinformación y entretenimiento barato, que nos mantienen pasivos e indiferentes, las cosas permanecerán en el mismo ciclo, como en el futbol, de esperanza creciente, y frustración inminente.



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