Todo tiempo pasado fue mejor… parece una sentencia cíclica, una ley que como las de Newton se termina imponiendo cada vez que una generación suspira por todos aquellos productos culturales que la vieron crecer y desarrollarse. Entonces, la música de antes era mejor, la economía era mejor, la comida era mejor, la salud era mejor, hasta las caricaturas eran mejores, como si toda la sociedad actual fuera producto de una constante degeneración, una decadencia inquebrantable. Me preocupa que así sea, pues, bajo esta lógica, nuestra sociedad humana, estaría a unos pasos de su desaparición. Lo cierto es que la melancolía por el pasado, quizá no nos permite hacer juicios objetivos sobre ese tiempo que consideramos mejor.
Hay cosas que en realidad no cambian, es solo la perspectiva la que modifica la mirada, por ejemplo, hablemos de la música. Toda la música generada a partir de una industria, participa necesariamente de las reglas establecidas por la economía capitalista. Pues, toda industria busca la transformación de materias en productos que después saldrán al mercado para venderse y generar ganancias. Y el capitalismo no deja ningún cabo suelto, los productores, en todos los tiempos desde que se industrializa la música, tienen bien presente esto, y si un nuevo artista promete ganancias, entonces, tiene la oportunidad de grabar un disco, un producto, que a través de su comercialización generara millones de dólares en ventas. Y en la historia contemporánea de la música, ha habido verdaderos booms comerciales. Por solo mencionar algunos casos, The Beatles, Michael Jackson, o Madonna. Hasta el día de hoy así funciona la industria musical.
Cuando un género o artista comienza a pegar, la gente compra sus discos, se convierte en un fenómeno de ventas, y aparecen las tendencias. En gran medida, gracias a la industria musical, que prefiere producir música que será éxito de ventas. Y todo se convierte en un círculo vicioso falto de originalidad, pues las bandas que aparecen son copia de la copia de la copia en esa búsqueda, ya no de talento, sino de ganancias. Y luego llega el estancamiento, todas las bandas apestan a lo mismo, y comenzamos a suspirar por los tiempos mejores. En algunos casos, las bandas mismas se dan cuenta de que su música ya solo es un producto, o que los productores ya no les permiten ser creativos, porque es un riesgo, y el capitalismo no toma riesgos. Entonces se disuelven las bandas, (como le paso a los Beatles) o terminan por lo sano dándose un escopetazo (caso Curt Cobain), o también terminan aceptando las reglas del juego y deciden ser un producto comercial (Metallica).
Tal vez por eso, al menos en música, nos gusta voltear a escuchar a esas bandas que fueron originales, y nos marcaron profundamente. No porque todo lo pasado sea mejor, sino porque la misma industria es restrictiva, marca tendencias, y destruye las ideas en pos de las ganancias. (Es decir, desde el principio del proceso ya esta jodido)
Pero no todo está perdido, estimados lectores-escuchas, en próximas entradas reflexionaremos sobre el internet, y la revolución musical que está generando.
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