jueves, 24 de enero de 2013

El espectáculo de la injusticia



Por Josué.
En México no existe la justicia, y lo que se entiende por tal es un producto más que se compra y se vende al mejor postor, y el mejor postor es quien puede pagarla, lo que excluye a la gran mayoría de la población, pobre y desamparada que gasta su tiempo entre trabajos esclavistas y mal pagados y su escaso tiempo libre frente al televisor; lamentando la muerte de Jenny Rivera y celebrando los triunfos de su “selección”.
Lo que si hay es espectáculo y mucho, a todo color y en “vivo” o escenificado… es el mismo teatro patentado por la elite del poder priista durante sus 70 años de gobierno, es un mecanismo de control. Te dicen que hay justicia, que hay democracia, que hay valores, que se lucha contra la pobreza, contra el narcotráfico, que las reformas son por tu bien…
Pero todos lo palpamos, aunque  nos hagamos pendejos: Esa incertidumbre que flota en el aire, este temor generalizado, esa rabia contenida. Un ambiente que asfixia que desquicia. Eso es vivir en México:


Levantarse a las 5 de la mañana, tomar un escueto desayuno compuesto por sobras del día anterior y una taza de café frio, tomar el transporte público y comenzar el tortuoso viaje de dos horas a la ciudad, encontrarte con otros miserables como tú, desquiciados por el ritmo de la vida y con los ojos marchitos clavados en ese presente continuo y asfixiante que es su existencia. Encontrarse con que otra vez se subieron a asaltar, que te quitaron el celular por el que ahorraste cinco meses y aparte te tocaron algunos madrazos que tendrás que aguantar todo el día, porque te queda una larga jornada: para empezar, diez horas en la chamba y olvídate de denunciar el asalto, sabes que es inútil, nadie escuchará tu voz. La resignación es el veneno que se ha comido tu esperanza. Así son las cosas, no van a cambiar.
Llegas diez minutos tarde al trabajo, el metro a reventar se retraso como de costumbre, y tu jefe decide que te descontará medio día por la tardanza, que fue culpa de alguien más, pero te acuerdas que aquí no hay justicia, así que agachas la cabeza y comienzas las labores.  Además ese miserable trabajo es lo único que tienes, no te puedes arriesgar a perderlo. Ni porque en el contrato decía 8 horas. Ni por qué la quincena pasada te llego incompleta.
Al final del día, luego de otras dos horas de transporte público, llegas a tu casa para recostarte, descansar y olvidar por unos segundos que mañana hay que comenzar la jornada de nuevo.
Y entonces el IFE dice que el PRI no es culpable, si, se paso por los huevos los topes de campaña, si usó tarjetas Monex, sí “dispersó” 70 MDP… pero es México, aquí la justicia se compra, la impunidad es un valor, la corrupción es una herramienta. Y tú eres un peón. Un simple e insignificante peón.

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