Por Josué
¿Será que se acabará el
mundo como “dicen” que dicen los mayas? Yo no lo creo, tantas veces se ha dicho
y esperado tal escatológico desenlace, y seguimos aquí, esperando. Aunque
sinceramente, por un momento desearía que los astros se cruzaran de cables y
llegara dicho fin, al menos así le daríamos vuelta de un plumazo al maldito
sexenio que se nos viene encima y que inició éste fin de semana pasado.
Y no podía ser de otra
forma, si usted estimado mexicano tiene memoria, sabrá darme la razón. Las
muestras de despotismo, hipocresía, corrupción, abuso de poder, e injusticia,
marcas registradas del 70 veces maldito Partido Revolucionario Institucional regresaron
a golpe de macana, y no es que se hayan ido del todo durante la “docena trágica”
de gobierno panista, pero la muestra fue tan clara este pasado 1 de Diciembre, que
a los nostálgicos nos trajo recuerdos de otros tiempos que queremos enterrados,
y esperábamos no tener que sentir.
Los dinosauros nos trajeron
las antiguas costumbres de regreso, y ni tardos ni perezosos se descubrieron
los colmillos a escasos instantes de iniciado el retorno trágico del partido
tricolor al poder. Las estrategias ya patentadas desde los tiempos de Gustavo Díaz
Ordaz se volvieron a observar; la presencia de grupos paramilitares encubiertos
entre los manifestantes, cuya función fue clara: violentar y caldear los ánimos
de una población ya de por sí, llena de rabia y coraje ante las muestras de cinismo
de un gobierno que sexenio tras sexenio demuestra que simplemente le vale
madres lo que el pueblo quiere y necesita.
La presencia de estos grupos
desato la violencia en una serie de marchas que a pesar de sus demandas y
exigencias se mostraban pacifica. Luego todo se volvió al caos. Y la
brutalidad, ineficacia y hasta mala leche de la policía no se hizo esperar. Y el
resultado: detenciones arbitrarias entre los manifestantes, abuso de poder e
injusticia.
Taparle el ojo al macho, a
final de cuentas.
¿Y los culpables?, ¿Y los
inocentes? Los primeros, libres y 300 pesos menos miserables, los segundos
encarcelados, privados de su libertad acusados, en el fondo, por el delito de
pensar, y de gritar lo que se piensa.
El crimen mental, el
ministerio del amor, el ministerio de la paz, el ministerio de la abundancia, y
sobre todo, el ministerio de la verdad…
Se instaura cínicamente el
orden orwelliano priista. Y no me sorprende, no debería sorprendernos, este
solo ha sido el principio de lo que será un largo, muy largo sexenio priista.
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